La caja de zapatos se transformó en lujoso auto para las muñecas ( hasta hicimos los asientos con bellón y tela de corderito, je), el contenedor de huevos se pintó de colores y supo guardar los objetos pequeños de las Barbies, "masa de sal" para crear figuras los domingos a la tarde, casitas de ramas y techo de paja como casa de vacaciones de la muñecas en el campo y así...así muchas y muchos juegos más se armaron y desarmaron en casa cuando éramos chicos. Elogio a la inventiva, oda a la transformación y, sin dudas, boleto a la diversión. De eso hace ya un rato...en el medio..pasaron los años y el tránsito por la autopista de los estímulos se hizo cada vez más cargado. Vivimos rodeados de imágenes, sonidos, palabras y colores que acompañan nuestros recorridos diarios.
Cierro este último post del mes con una propuesta: bajemos por un rato de esa autopista. Tomemos un pedazo de papel y convirtamos el tiempo en creación y... mejor, creación compartida! Transformar desde lo simple para dar forma a lo nuevo, tan solo a partir de un par de dobleces. Ahí la magia. Ahí la posibilidad inmensa de volver a fascinarnos con las pequeñas cosas.

